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Auroras Boreales

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Auroras Boreales

La aurora polar es un fenómeno energético producido en la ionosfera que se observa en forma de luz. Ocurre principalmente en las áreas polares de la tierra, debido a la interacción de los vientos solares con el campo magnético de la misma. En el hemisferio norte se denomina aurora boreal y en el sur aurora austral.

Debido a la actividad que se produce en el interior del sol, este desprende partículas altamente energéticas y que además poseen carga eléctrica. Cuando una nube de estos iones, denominada "plasma", es eyectada por el sol tarda aproximadamente dos días en llegar a la tierra. Esta corriente de plasma procedente del sol se denomina "viento solar". Cuando el viento solar es desviado por el campo magnético que protege la tierra, algunas partículas quedan atrapadas en él y son conducidas a lo largo de las líneas del campo hacia los polos. La colisión de estas partículas con los átomos y moléculas presentes en la atmósfera lleva a estos a estados excitados de energía, que al cabo de un tiempo infinitesimal vuelven a su estado original y devuelven la energía acumulada en forma de luz. Las auroras se producen en la ionosfera (a 60-100 km de la superficie de la tierra), donde la atmósfera comienza a ser lo suficientemente densa como para que las colisiones sean significativas, y los átomos y moléculas tienen su nivel de energía más bajo.

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El viento solar produce más de 100 000 megavatios cuando se genera una aurora, motivo por el cual puede llegar a causar interferencias con las líneas eléctricas, emisiones radiofónicas y televisivas, y comunicaciones vía satélite.

Los diferentes colores de las auroras dependen de la partícula que ha sido excitada y del nivel de energía alcanzado. El oxígeno produce los colores primarios de las auroras, verde y amarillo, que son los más frecuentes, o rojo. El nitrógeno es responsable de las luces azuladas, mientras que el helio produce luces rojas/púrpura en los bordes más bajos de las auroras.

El movimiento y la vibración de las auroras se deben a la variación de la interacción entre el viento solar, que no es constante, y el campo magnético terrestre.

Al tratarse de un fenómeno luminoso muy sutil es necesario que exista oscuridad, por lo que los mejores meses para apreciarla son los comprendidos entre octubre y marzo, aunque puede ampliarse esta franja si las temperaturas son lo suficientemente bajas. Los mejores meses son enero y febrero, pues las temperaturas son más bajas y las horas de oscuridad mayores.

Las áreas en las que con mayor frecuencia pueden observarse las auroras se corresponden con dos anillos deformados con centro en los polos magnéticos (que no se corresponden con los polos geográficos). En el hemisferio norte esta franja transcurre por Alaska, norte de Canadá, sur de Groenlandia, Islandia, norte de Noruega y Rusia. En estas áreas la frecuencia de las auroras es aproximadamente de 240 noches al año.

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Si bien el conocimiento del Sol es limitado y se basa en datos estadísticos, sabemos que presenta ciclos de actividad que van de 9 a 13 años, con valles y picos de actividad. Durante el año 2008 se produjo un mínimo solar inusualmente bajo en el ciclo, remontando hasta alcanzar su máximo durante 2014. Un máximo histórico en los registros de actividad solar se produjo 1859 con una tormenta solar conocida como el “evento Carrington”, que electrificó cables de transmisión, provocó incendios en oficinas de telégrafos y produjo auroras boreales extraordinariamente brillantes. En 2005 se produjo una tormenta solar inusual en un periodo de mínimos que provocó auroras boreales que pudieron observarse en Arizona.

Por lo general, la aurora suele comenzar con la aparición en el cielo del norte de un arco de luz (similar a una nube alargada), en dirección este-oeste, alrededor de la media noche. Este arco suele mantenerse estacionario durante un periodo de tiempo más o menos largo, y llega a desaparecer sin producirse ningún otro efecto. Si la actividad se incrementa, el fenómeno entra en la fase de arco activo. El borde inferior se hace más fino y se desplaza hacia el sur. A la vez, el arco se descompone en haces de rayos paralelos que se extienden hacia arriba. Si el fenómeno continúa ganando intensidad comienza la tercera fase, la corona aural. Este es el momento más espectacular, cuando la aurora comienza a moverse a modo de cortina, produciendo formas circulares, semejantes a una corona, hacia la que convergen los haces de luz. En ocasiones la cortina se funde y se transforma en un abanico de luz que cubre el cielo o inicia rápidas pulsaciones que emiten rayos de luz en cascada.

Todos los pueblos que habitan las zonas donde se produce el fenómeno (escandinavos, inuits, tribus siberianas, lapones, mongoles, indios americanos, etc.) poseen creencias que forman parte de su folklore y mitología relacionadas con el origen de las auroras o Luces del Norte.

  • El nombre finés revontulet está asociado con el zorro ártico. Según un cuento popular, un zorro al correr en el lejano norte levantaba la nieve con sus patas; esta nieve venteada se elevaba hacia el cielo y ocasionaba las Luces del Norte.
  • Otras leyendas finesas y estonias incluyen en sus explicaciones sobre el origen de las auroras al chorro de agua emitido por las ballenas.
  • Numerosas explicaciones sostienen que el origen de las Luces del Norte hay que buscarlo en la luz reflejada por los icebergs, los arenques del océano ártico, los géiseres de Islandia o el volcán Heckla.
  • En algunas partes de Laponia la gente considera que las Luces del Norte son el equivalente invernal de las tormentas con truenos del verano, pensando a menudo en la aurora boreal como un augurio de presagios bélicos.
  • Los inuit de la zona de la bahía de Hudson creían que los espíritus que habían padecido una muerte violenta eran guiados por las antorchas que sostenían los cuervos en sus picos. Este camino iluminado que guiaba el paso de los difuntos es lo que formaría las Luces del Norte.
  • Los inuit de la costa oeste de Groenlandia creían que las almas de los muertos o penetraban en la tierra o se sumergían en el océano o ascendían al cielo. A aquellas almas que se decidían por el camino celestial se las podía contemplar por la noche jugando al fútbol con el cráneo de una morsa. La palabra inuit aksarnirq se puede traducir como "jugador de pelota". Algunos habitantes de Groenlandia afirman que la aurora produce sonidos causados por el paso de las almas sobre montoncitos de nieve helada.
  • Los esquimales de las partes más septentrionales de Canadá creían que las Luces del Norte eran creadas por espíritus, los cuales, envueltos en luz mística, se divertían al ocultarse el sol; de hecho, a la aurora boreal moviéndose rápidamente se la conoce como la "danza de la muerte".
  • En el folklore de los inuit del este de Groenlandia las auroras son las almas de los bebés recién nacidos que han sido asesinados o que han nacido muertos. Las Luces del Norte pueden ser llamadas alugsukat, que significa "nacimiento secreto". Muchos esquimales creían ser capaces de oír el sonido de las auroras. Para ello imitaban el sonido silbando, de manera que podían hacer que la aurora se acercara para susurrarle mensajes que serían enviados a los muertos.

Por lo general, a los inuit no les asustaban las auroras, pero llevaban un cuchillo por si acaso.

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Los indios amrimen fox tenían miedo de las Luces del Norte porque creían que eran las almas de los enemigos que habían matado.

Los indios mandan veían las auroras como fuegos en los que los grandes chamanes y soldados de las tierras del norte cocinaban a sus enemigos muertos en enormes calderas.

Los indios manomini sostenían que el origen de las Luces del Norte había que buscarlo en la actividad de un gigante bondadoso que acostumbraba a pescar en el mar del Norte usando fuego para alumbrarse.

En Escandinavia, los vikingos disponían de una rica colección de leyendas, algunas asociadas con la hermosa diosa Freja. La diosa, que cabalgaba a caballo, era vista por los mortales como el resplandor de las Luces del Norte.

Observar y fotografiar una aurora boreal resulta una tarea complicada, ya que hay que tener en cuenta que se está a merced de las condiciones naturales. La noche puede ser nubosa, la luna estar llena o la actividad solar ser inexistente. La contaminación lumínica de la ciudad también es un factor que hay que considerar. La luz de la aurora es más débil que la de las estrellas, así que si no hay estrellas visibles es difícil que se puedan ver auroras.

Dado el elevado tiempo de exposición que se requiere para captar la luz de las auroras, es necesario el uso de cámaras fotográficas con selección de apertura y tiempo de exposición, así como recomendable el uso de trípodes. Con la actual oferta de cámaras digitales resulta bastante sencillo obtener buenos resultados, si bien siempre es más probable obtenerlo con mejores equipos. Es recomendable la configuración de una sensibilidad de hasta 400 ISO, ya que a partir de ese valor las fotografías suelen presentar mucho ruido. Es más recomendable usar valores bajos de ISO y valores altos de exposición (de 10 a 30 s).

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